R.
100: Uno para cambiarlo y 99 para que digan “yo lo hubiera hecho mejor.”
Cada
uno de nosotros tiene un interés particular y objetivo propio en lo que a las
artes escénicas se refiere. Estas diferencias, lejos de vulnerarnos como gremio
deberían hacernos fuertes, pues la variedad de lenguajes en la escena es
resultado de la misma variedad en nuestra cultura.
Es un
hecho que el Teatro es parte medular de la cultura yucateca; desde el siglo XIX
el teatro regional se constituyó como una expresión original y cercana al
pueblo. El siglo XX y el cine diversificaron los temas y las
manifestaciones. En los 80’s y 90’s la actividad teatral se diversificó y
fortaleció: algunos jóvenes emigran al Distrito Federal y a Xalapa,
regresan al concluir sus estudios, lo que enriquece las propuestas y
la pedagogía Teatral.
En la
actualidad existe una gran oferta educativa en lo que actuación se refiere,
desde talleres vespertinos hasta la licenciatura en Teatro de la Escuela
Superior de Artes de Yucatán.
Todo
esto ha hecho que la actividad Teatral se multiplique, con una gran variedad de
ofertas que van desde el teatro estudiantil amateur hasta importantes
propuestas contemporáneas reconocidas a nivel nacional.
Hace
algunos años el extinto Instituto de Cultura de Yucatán dió un salto atrás al
retomar la políticas culturales de los años 80’s; lejos de generar condiciones
para el crecimiento del arte, nos apabulló con el paternalismo como medio
control sobre la mayoría de los artistas.
La
creación de la SEDECULTA, lejos de mejorar las condiciones para el acto
escénico, construyó nuevos laberintos burocráticos para la obtención de
recursos. Asi mismo legalizó un golpe artero a los creadores escénicos al
permitir que los políticos (ignorantes de la actividad artística y cultural)
decidieran sobre las normas de acceso a los teatros de la ciudad . Hoy en día
los grupos independientes tienen cerrado el acceso a menos que sea por medio de
la misma SEDECULTA, en algún festival o programa oficial, con lo cual implica
la gratuidad del evento o bien pagando el 25% de la renta del teatro lo cual de
la manera que se quiera ver es una cantidad exorbitante para cualquier
grupo independiente. Estas disposiciones de la Secretaría de Administración y Finanzas vulneran al Teatro, pues es
imposible realizar temporadas en cualquier recinto teatral del estado a menos
que se tengan los medios financieros para solventarlo.
Por
otro lado SEDECULTA no ha apoyado la producción teatral. No existen
mecanismos democráticos para el acceso a recursos para la producción. Se ha
dedicado a reciclar las producciones del Festival de la Ciudad de Mérida para
llenar sus festivales. Las producciones de la Compañía Estatal han sido
desafortunadas y si bien las últimas dos fueron otorgadas a través de una convocatoria en los últimos nueve meses
ninguna otra ha sido sido emitida para
acceder a los recursos estatales tan anunciados por el gobernador y en su
momento la razón de convertir el instituto en secretaria.
Desapareció
el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes. Hace tres años que no se emite
convocatoria. Ese dinero ¿se usa para otra cosa? ¿para qué?
Es
momento de reunirnos y encontrar puntos en común.
Pienso
en tres temas:
- El
cobro de los teatros.
- La
ausencia de apoyo a la producción.
- La
falta de estrategias para generar público en Mérida.
Reunámonos
para discutir y establecer una posición frente a una política de estado que nos
vulnera. Dejemos de pensar individualmente y actuemos como comunidad. O
continuemos con el silencio y siendo vulnerables a las decisiones de políticos
ignorantes o funcionarios arribistas que sólo buscan sus propios intereses.
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