México está cambiando, de la noche a la mañana un grupo de 131 jóvenes nos dieron una sacudida la cual ha despertado a esta generación de ciudadanos que hasta hace poco se habían mantenido en el silencio o la indiferencia.
No es posible, ni correcto, ignorar este cambio, por eso mismo escribo esta carta y se las envío, porque tengo la esperanza de ser escuchado.
En apariencia el arte no tiene un sentido práctico para la vida. ¿Cuánta gente nunca ha asistido al teatro o ha leído un libro? Mucha. Y no pasa nada, incluso llegan a acumular riqueza, poder y bienestar económico.
¿Entonces para qué sirve el arte?
Arte y cultura no son los mismo, están estrechamente vinculadas y dicho vínculo tiene que ver con la sociedad. En tanto la cultura es toda manifestación en la que se expresa la vida y costumbres de un pueblo, el arte es la aspiración de llevar esas manifestaciones al plano de la belleza estética. Asi aunque son diferentes uno y otro al mismo tiempo se necesitan.
Desde que el hombre es hombre empezó a usar su imaginación, primero para solucionar sus problemas cotidianos y después para construir mundos alternos al nuestro. He aqui donde los artistas empiezan a traer esos mundos, que antes sólo existían en la mente, a la realidad. Así es como podemos conocer la mitología de los diferentes pueblos de la antigüedad a partir de la literatura, la pintura, la escultura, el teatro y la danza etc.
Si hemos podido conocer más de la cultura egipcia, mesopotámica o la maya ha sido gracias a sus artistas, un hecho innegable.
Los tiempos que nos tocan vivir en México se han caracterizado por un desprecio al arte y a los artistas. En un país donde es más importante encontrar la manera de sobrevivir al día a día, pocas o nulas ganas quedan de invertir el tiempo en acercase, mucho menos desembolsar para el arte.
Si le agregamos el poco interés que tienen las autoridades educativas en acercar a los jovenes y niños a estas manifestaciones entonces tenemos un país en el que el trabajo del artista se convierte es una lucha constante entre los creadores y la sociedad.
En este tiempo de campañas todos los candidatos se acercan, nos buscan, nos piden propuestas, que dudo sirvan para algo pues deberán elegir a un titular de cultura y salvo que realice otra reunión con los artistas y que se le otorgue presupuesto suficiente, difícilmente podrán llevarlas a cabo.
No veo el caso de esas pláticas; son autopalmadas partidistas al llenar las reuniones de partidarios, entre los que predominan las alabanzas al candidato y se escuchan pocas propuestas.
No tengo partido, soy ciudadano y artista que quiere ver una ciudad y un estado mejor. Así pues, me permito hacerles las siguientes propuestas:
- No conviertan las intituciones culturales en bolsas de trabajo para recompensar a sus colaboradores de campaña. Esta acción sólo hace que la credibilidad en las intituciones se vea mermada y aún peor, la ineptitud se hace presente cuando personas sin capacidad ni conocimiento asumen direcciones en las que se les exigen aptitudes, voluntad y vocación.
- Una vez elegido al director o secretario de cultura, déjenlo formar su propio equipo de trabajo, no impongan allegados. Y sobre todo escúchenlo, porque si lo ha llamado a ese cargo es porque tiene el conocimiento suficiente.
- No a la gratuidad del arte. En importante educar a los espectadores que el arte es una profesión no sólo un pasatiempo.
- Promuevan nuevos espacios de pequeño formato.
- Abran los festivales locales y estatales al resto de México. El arte yucateco merece ser apreciado por otros espectadores nacionales y extranjeros.
- Por último, dense tiempo para ir al teatro, a los conciertos, a las exposiciones... Si bien el arte no sirve para las cosas prácticas de la vida, acerca al hombre a sus congéneres, le enseña a comprenderlos y comprenderse a sí mismo, lo hace mejor ciudadano, mejor ser social, más pleno, más consciente, más humano.
Atentamente
Oscar López
Director y Productor de Teatro
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